domingo, 28 de agosto de 2016
BURDEL
Heme aquí, al lado de ella, explorando la noche en su éxtasis, cual murmullo estridente donde las estrellas chocan entre sí, para crear una lluvia psicodélica de sensaciones que deslumbran mis sentidos y si pícara mirada se balanceaba de esquina a esquina bajo la luz de la luna y atrapaba a toda aquella vida que vagaba por doquier; ilusiones que no tiene rumbo, pero que tienen fin.
Ella, con sus aretes titilantes que brillan en la oscuridad, como luceros que guían y marcan el camino de las almas andantes, sus labios de colores seducen a los aventureros hambrientos que se desvanecen en cada trago de licor. Tal vez aquella doncella lo único que deseaba era que la muerte llegase por ella y nunca más despertar, olvidarse de sus minifaldas y tacones de quince centímetros o esperando aquel amor que llenase sus manos de pistolitas que disparasen rosas y mariposas de colores que se perdieran con la luz extraña del amanecer.
Los hombres creen que con cigarros y alcohol atraen a la chicas, simplemente son hombres que tal vez saben jugar; las toman, les seducen, se embelesan contaminándolas con su olor. Matar sus deseos con cualquier dama, los hace sentir libres y misteriosos. Todo aquello son placeres momentáneos y mundanos. Cada respiración, cada ronronear del aire a lo lejos el humo de sus ojos y labios se hacen fugaces y efímeros.
El gemir de los gatos, las latas vacías rondando calles, la brisa que emana sus pasos, la grisácea acidez de sus columbres, la velada incesante de su perfume en mi boca, esa palabra que desnuda mi mente y la engaña con pudor bajo la luz tenue de su sonrisa. La lujuria la llama, roza su filosofía, le seduce la moral en un juicio, tienta su conciencia, la transfigura como flor de loto; en el vaivén de las noches los deseos se hicieron inverosímiles, como música de antaño, desdoblando largas historias de prosistas donde el veneno poético fue trazado en gran parte de su alegórica vida. La noche se apiada de ella, la hace su amiga, la arrebata como diosa ensalzándola en la exquisitez de cada tragedia, inducir a los codiciosos, su palabra es la bohemia crepuscular de pasiones, siempre presente con su triste alegría, en cada gemir; sus romances, historias teatrales llenas de guerras, su existencia en el mirar de los espectadores, su daga es la libertad, con la mente plasma ingeniosas maniobras de ataque, dominando todo a su paso, gobernando la noche en cuantías sensaciones de virtud. Tras la sombra lleva idilios marcados con sudor. Ilusiones imaginarias que destella la alborada.
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