Pedaleando voy sobre
la ruta del sol que me lleva hacia el mar, grandes camiones viajan a mi alrededor cargados de
carbón, frutas, verduras u otras cosas que son de exportación se dirigen hacia
el puerto de Santa Marta, un buque los espera para luego zarpar. Llevo el sol
al hombro que va en dirección hacia el norte, mi sombra se pierda por momentos
debajo del refrescante paso de las nubes, mis vestiduras están empapadas de
sudor; clamo la sed desde mi pensamiento, pues estoy a la espera de un río u
arrollo para refescarme.
La brisa me acompaña; sin embargo, se siente como si fuese el clima de mi ciudad, qué calurosa, donde constantemente corre una brisa que amaña; la única diferencia es que Cúcuta no tiene mar.
La brisa me acompaña; sin embargo, se siente como si fuese el clima de mi ciudad, qué calurosa, donde constantemente corre una brisa que amaña; la única diferencia es que Cúcuta no tiene mar.
